domingo, 26 de diciembre de 2010

Himno al amor

Por más que haga frío y no haya cánticos,
en el momento justo germinan
las hierbas
en la nevada tierra blanca;
es como escuchar el canto de un ave
solitaria.
Al salir de su ensueño, poco a poco,
el bosque,
cuando se mece el río y el viento leve
llega del sur, entonces
a la hora indicada y en la que creemos,
mensajera del tiempo más bello,
del suelo rudo, agreste, surge total,
solitario,
más importante y suave
que cualquiera,
el amor, hijo de Dios y sólo de Dios.

¡Que seas bendita, planta celestial
que haces brotar canciones, tú, a quien
nutre con energía savia
el elixir del Éter
y madura la luz de la creación!

¡Llega al bosque, con más alma,
colmado por su plenitud!
Idioma de los que se aman,
¡Sé bendita en todos los lugares!
¡Que tu alma se alce como el grito
del pueblo!

Friedrich Hölderlin

lunes, 6 de diciembre de 2010

Sin título...

Yo, la estatua de mármol con cabeza de fuego
apagando mis sienes en frío y blanco ruedo...
Engarzad en un gesto de palmera o de astro
vuestro cuerpo, esa hipnótica alhaja de alabastro,
tallada a besos puros y bruñida en la edad;
sereno, tal habiendo la luna por coraza;
blanco, más que si fuerais la espuma de la Raza,
y desde el tabernáculo de vuestra castidad
elevad a mí lises hondos de vuestra alma;
mi sombra besará vuestro manto de calma,
que creciendo, creciendo, me envolverá con vos.
Luego será mi carne en la vuestra perdida...;
luego será mi alma en la vuestra diluida...;
luego será la gloria ...y seremos un dios.
—Amor de blanco y frío,
amor de estatuas, lirios, astros, dioses...,
¡Tú me lo des, Dios mío!.

Delmira Agustini